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"Nos interesa la literatura que está pasando"

Seguimos con la serie de entrevistas a libreros. Hoy, Maxi Masuelli y Ana Wandzik de Club Editorial Río Paraná, en Rosario.

Por Valeria Tentoni. Foto de Virginia Negri.

“Que los estantes no se nos queden quietos”. Esa es la preocupación de Maximiliano Masuelli y Ana Wandzik -en la foto con Camilo, “nuestra mayor obra”, dicen- quienes empezaron con una tienda en su propia casa haciendo circular libros difíciles de cruzar en las librerías de Rosario. Desde 2012 hacen funcionar, en un local de la Galería Dominicis, un club editorial donde no solamente se venden libros, revistas y fanzines de pequeñas y medianas editoriales, en su gran mayoría nacionales, sino que también se hacen presentaciones, talleres, encuentros, muestras de arte, y hasta un laboratorio de investigación sobre Mario Levrero. Las actividades comenzaron en 2009: “En este local en concreto estamos desde marzo, pero antes funcionábamos en otro más o menos con las mismas ideas”, advierten. Ahora, además, el club es también una suerte de bunker del sello de poesía Iván Rosado, que asimismo dirigen, donde publican colecciones como la Brillo, de poesía joven, y la revista Unión y amistad: “Nuestro taller, se podría decir”.

 

¿Cómo surgió Club Editorial Río Paraná? ¿Por qué como club?

Surgió como una decantación de intereses; nosotros ya teníamos una especie de tienda de libros en nuestra casa, que era un espacio de arte llamado Ivan Rosado, donde comenzábamos a mover algunos sellos que no encontrábamos tanto en librerías en ese momento, como Vox, Mansalva, Blatt & Ríos, Stanton, Belleza y felicidad, Gog y Magog, Clase Turista,  IAP, alguna Tsé-Tsé. En Rosario todavía no aparecían con fuerza las editoriales que hoy ya conformaron un circuito. A esa afluencia de material que entraba y salía de casa se le sumó que nosotros empezamos a publicar, justamente, bajo el sello Ivan Rosado. Entonces, la intención de formalizar un poco lo que veníamos haciendo, dándole cara de librería. También tenía que ver con elaborar un formato de puesta en relación de nuestra editorial con otras. El club editorial, ya pensado como una especie de librería, está funcionando desde 2012. Un club es un órgano asociativo, un sitio que puede ser físico o no pero donde conceptualmente van a nuclearse intereses o razones de ser en el mundo, por eso pensamos que esta librería es también un lugar para juntarse y cruzar lecturas, un lugar de ocio y trabajo, simultáneamente. El local anterior, que quedaba en el barrio Refinería, era un saloncito muy lindo con un amplia vereda que tenía un gran árbol de estandarte. El local era chico y si éramos más de quince ya se comprimía bastante todo, salíamos a la vereda. Ahora nos acercamos más al centro por necesidad de que económicamente funcione un poco más, y estamos en el local 12 de una galería histórica, llamada Dominicis. Pero también es chico, y cuando somos más de quince seguimos comprimiéndonos, y el que antes estaba en la vereda ahora se para en la galería; hemos perdido un poco del contacto con la naturaleza en aras de un necesario mejor desempeño financiero. Este local en el centro permite que tengamos contacto más fluido con compradores e interesados nuevos. 

¿Cómo lo armaron, cómo comenzaron a vincularse con editoriales, autores y distribuidores?

La vinculación con el material que movemos fue paulatina, primero más con editores de forma directa y después quizás sí con distribuidoras para el caso de algunos materiales concretos. Como decíamos antes, a esto lo venimos armando desde casa, y progresivamente fuimos dándole forma a un espacio que esté más visible, más disponible y aprehensible para quién esté buscando más o menos eso.

¿Cómo definirían el perfil de la librería que queda conformada en el Club?

Es una librería de arte y literatura: con una preponderancia de sellos nacionales. Se da en ella la convivencia de ediciones contemporáneas con una especial selección de libros viejos cuya circulación ha mermado o resultan de difícil localización. Elegimos por autores, por tradición, por coherencia de un sello; a lo mejor no tenemos todos los títulos de una editorial (de algunas sí), pero los que sí hay los elegimos detalladamente y vamos armando algo así como un guión en los estantes, entre los viejos y los nuevos. También hay autores y sellos que se acercan por su cuenta a presentar sus libros, quizás porque nuestra librería al no ser enorme e indomable presenta la posibilidad de una visibilidad, si bien austera, también más real.

¿Se piensan como libreros?

No sé si somos libreros en el tradicional sentido de la palabra. Sí a los efectos de que seleccionamos un material, leemos, recomendamos y vendemos, pero nuestra experiencia es la de ir haciéndola. Quizás somos mensajeros de algunos libros. No hemos trabajado en otras librerías, es decir que no acarreamos con el peso milenario del oficio sino que derivamos teoría de una práctica que llevamos adelante. Nosotros, más que libreros, somos chicos a los que nos interesan estos ejes y tenemos alguna facultad para recomendar una cosa u otra.

¿Se piensan como espacio cultural? ¿Creen que es posible pensar una librería, hoy, sin todas esas acciones que están ocurriendo a la vez en la suya?

Sí, claro; se puede pensar en una librería sin actividades adjuntas. Lo que pasa es que a nosotros nos interesan y nos motivan también esas instancias que son de reunión, de conocimiento y hasta de formación. De todas formas, no nos proponemos como un espacio cultural. La cultura es otra cosa, a nosotros nos interesa la literatura que está pasando, el arte que estamos viendo, y la cultura es algo más procesado, más un concepto que un ejercicio. Acá es fija que hacemos las presentaciones de los libros que publicamos por Ivan Rosado, ya es costumbre hacerlas en este lugar; asimismo Ediciones Danke (también de Rosario) se mueve bastante por acá, pero además autores y libros de otras editoriales que nos marcan o son significativos para nosotros y entonces tratamos de hacer algo para que pasen por acá. Por ejemplo la presentación de Gracias (Blatt & Ríos, 2011) con Pablo Katchadjian, Mariano Blatt y Alfredo Jaramillo fue buenísima y quedó en el recuerdo de la asistencia de una forma muy mítica. El sábado que viene tenemos la alegría de recibir a Fernanda Laguna con quien organizamos una lectura de su libro Control o no control (Mansalva, 2012). A su vez, pequeñas muestras nos acompañan permanentemente en el club, amigos y “amigos afectivos” de otras épocas están en nuestras paredes. Ahora tenemos un pinturón de Daniel García y dibujos que acompañaron la presentación de su libro El gato que camina solo. 

¿Qué se lleva alguien cuando se lleva un libro de la librería? 

¡Se lleva todo! Se lleva un universo paralelo en un diagrama múltiplo de cuatro. Esto es muy romántico, pero todo bien. En nuestro salón de ventas hay libros de novedad y hay libros formativos; por ejemplo los libros de la Colección Brillo que publicamos con Ivan Rosado son libros de novedad: se trata de poetas jóvenes que van tirando sus primeros versos impresos, publicarlos aporta algo nuevo; después la correspondencia de Francisco Gandolfo que editó Osvaldo Aguirre es un libro formativo, como así también Los jóvenes de Carlos Correas o Sobre Sánchez de Baigorria que sacó Mansalva, porque develan personalidades alucinantes que sin ese libro no conoceríamos del todo.

 

¿Cómo es su vínculo con los clientes / lectores?

Hay gente que viene seguido y ya sabe más o menos lo que puede encontrar, si bien estamos siempre tratando de que haya algo nuevo, que los estantes no se nos queden quietos. Esos son los que después se quedan a tomar una cerveza, se llevan libros, entran en la cadena de recomendaciones y a su vez mandan más gente para acá; después están los que simplemente pasan y entran, seducidos por alguna maravilla de la vidriera, el armado, composición y curaduría de la vidriera es una disciplina compleja que nos fascina.

También, como herramienta de seducción, cuentan con una cuponera para comprar libros.

Siempre tratamos de seducir, o invitar, con descuentos y promociones: en ese sentido la cuponera es una propuesta comercial. A su vez, los libros de nuestra editorial, si bien también son distribuidos en otras librerías, siempre se consiguen acá con un descuento importante con el objetivo de que se muevan y de que este sea su marco representativo. Por otro lado, desde el club publicamos una revista, Unión y Amistad, que sale dos veces por año -en otoño y en primavera-, ahora para septiembre sale la número seis. Es una revista con entrevistas, reseñas, cuentos, plaquetas de poesía y algunas notas sobre reuniones y presentaciones que tienen lugar en el club. La revista es, por supuesto, un canal de difusión de este lugar.

Para terminar, ¿qué es el L.I.M.A.L.?

L.I.MA.L. (Laboratorio de Investigación Mario Levrero) es un grupo de lectura en torno a la obra de Mario Levrero: nos proponemos leer su obra completa en voz alta y en orden cronológico de publicación. Nos juntamos una vez por semana desde hace más de dos años y seguimos, ahora acabamos de terminar Desplazamientos y estamos programando una lectura abierta para agosto, mes en que se van a cumplir ya diez años sin Levrero en el mundo físico. Hubo algunas experiencias más breves, o que no pudieron seguir adelante, de leer a Gola, a Viel Temperley; lo que permite que esto siga es que la gente que se junta funcione entre sí, más que la buena o mala elección del autor que van a leer. Igual, capaz con la poesía es más difícil, en cambio con una obra narrativa como la de Levrero vas pudiendo atar cabos, encontrás filiaciones, mambos que se reiteran. Con Levrero todavía tenemos para rato, al menos un año más. Pero ya se mencionó el nombre de Fogwill, estaría buenísimo leerlo así.

 

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