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Flor Monfort: "Leo todo el tiempo a mis contemporáneas"

Con doble estreno, en poesía y narrativa

Este año, la editora de Las12 saltó a los estantes con su primer libro de poesía y su primer libro de cuentos casi en simultáneo: Luna Plutón y Las rusas. Mientras escribe una novela y un libro infantil, responde esta entrevista de Irupé Tentorio. "Cuando una escribe lo hace en soledad, pero al mismo tiempo traés a esos otros y otras que te habitan", contó, entre otras cosas.

Por Irupé Tentorio. Foto Catalina Bartolome.

 

El sentido de la lealtad es lo que Florencia Monfort –editora, periodista, poeta y escritora– elige y eligió para construir su vida. No solo cuando intenta explicar algunas circunstancias personales reflejadas en sus cuentos, sino también en la decisión de atesorar estos dieciséis cuentos escritos en una década y que dan forma a Las Rusas, publicado recientemente por Rosa Iceberg.

Son historias autobiográficas que revisita –como un disco rayado en su memoria– sobre su niñez, repensando las tensiones que se generan con los vínculos íntimos, las diferentes maneras que hay de ser familia y, sobre todo, cómo construir una vida con perspectiva en género en un sistema patriarcal.

Las rusas es su primer libro de cuentos y salió casi en simultáneo con su primr libro de poemas, Luna Plutón, editado por Caleta Olivia. Dos primeros libros que son el inicio de esa pulsión de sentido vital que tiene su escritura y que cada viernes entrega en el suplemento de género Las12 del diario Página/12. Monfort también hace vital la sordidez de las historias de vida de mujeres que buscan, como ella, como muchas, que la lealtad que tejemos entre nosotras descontruya un sistema obsoleto para todas las mujeres. El poder de la palabra es a lo que ella le es fiel, un refugio de salvación donde puede sentirse suspendida en el tiempo.

 

¿Cómo fue el proceso de escribir Las rusas?

Son cuentos escritos a lo largo de muchos años. Algunos tienen una década, otros son más nuevos, como el primero y el último. En ese sentido, es un proceso que implica un crecimiento, muchos cambios de trabajo, de pareja, de vida; la profundización de un oficio como el periodístico pero con la especificidad de escribir siempre con mucha libertad, sobre lo que me gusta y como me gusta. Recién cuando conocí a una de las editoras de Rosa Iceberg, Marina Yuszczuk, y ella les encontró un hilo que yo no lo veía, es que sentí que podía publicarlos. Sabía que escribía cuentos, pero no veía cómo podían convivir en un libro. Pasó lo mismo con Luna Plutón: Pablo Gabo Moreno, su editor, les dio un cuerpo que funcionó y que yo no veía del todo claro, sobre todo porque es un libro escrito en la bruma del puerperio.

Son relatos que retratan vínculos íntimos, ¿cómo lo lográs?

Cuando una escribe lo hace en soledad, pero al mismo tiempo traes a esos otros y otras que te habitan. Es un libro autobiográfico, pero eso nunca es del todo cierto. En el cuento “Ratas” hay una madre que mata a sus hijos y claramente no soy yo, pero en esta convivencia de relatos hay también una decisión de una editora de transitar esos temas con los que me obsesiono: la maternidad, los hijos y los padres. Yo no hubiera podido tomar esa decisión, no la veía. A mí me atrae, más allá de hablar en primera persona siempre, la idea de que la violencia en las mujeres está invisibilizada pero que la tenemos y que muchas veces se vuelca contra nosotras mismas porque no tiene dónde canalizarse. Es una especie de tabú muy fuerte. La del cuento es una mujer que a través de sus vínculos torpes con los varones no puede soportar a sus dos hijos, porque cuando se tiene un hijo varón, también lidia con un hombre y con un sistema patriarcal que se le mete por la ventana. Incluso yo que decidí ser madre soltera no puedo controlar todo lo que pasa en la cabeza de mi hijo y que me parece machista.

Algunos de tus cuentos son muy cinematográficos. Los últimos, por ejemplo.

Hay dos cuentos de “Las rusas” que son muy recientes: el primero y el último. "Patriota" es sobre la maternidad solitaria y todas las complicaciones que surgen a partir de esa soledad pero también sobre la identidad de un niño que crece con una madre que se siente muy sola, y todo ese tejido que en su cabeza incluye el recuerdo del padre del niño, de su novio anterior a maternar e incluso de su propia infancia. Eso es lo que vos ves de cinematográfico y que yo también veo, y me gusta mucho. "Las rusas" tiene un registro muy fuerte y saturado de la infancia. Tengo mucha memoria. También es cierto que tuve una conciencia muy cabal de lo que pasaba con mis padres cuando ellos estaban en medio de una situación de guerra: una separación entre un hombre y una mujer que no se querían ver. y que esas vivencias aún hoy permanezcan tan frescas hacen que yo las revisite y que funcionen como disco rayado en los cuentos. Después hay otras experiencias: el inicio de la vida sexual o de las relaciones amorosas con mujeres u hombres. En "Acapulco" se narra la amistad entre mujeres y cómo lo que pasa entre nosotras, a veces, termina siendo más interesante que relacionarnos con un tipo. Somos una generación bastante marcada por la heteronorma, nos cuesta transitar los espacios de soledad.

¿Qué es para vos escribir?

Es como sacarse ropa mojada del cuerpo, lo pesado, lo denso, lo que oprime, y poner en palabras cierta rosca mental que cuesta mucho tramitar en la vida. De hecho mi maternidad fue muy dolorosa, y escribir "Patriota" fue un alivio que se resignificó cuando se publicó. Escribí Luna Plutón mientras le daba la teta a mi hijo, literalmente con una mano agarrándolo y la otra en el teclado, y verlo publicado ahora me da cierta sensación de ajenidad, como si esas palabras ya no me pertenecieran pero a la vez son muy familiares porque yo me aprendía los poemas y los decía una y otra vez, un poco para no volverme loca.

¿Cómo te llevas con el paso del tiempo que tienen tus cuentos de “Las rusas”?

Cuando los releí los volví a elegir, pero muy influenciada por la mirada de Marina, y también de Tamara Tenenbaum y Emilia Erbetta, las otras editoras de Rosa Iceberg. Ellas me hicieron verlos de otro modo, porque claramente el tono de "French 2208", por ejemplo, no me representa hoy. Pero a la vez es un cuento que cuando sea vieja lo voy a leer con una sonrisa, porque esa soy yo; o la frase con la que empieza Dragonas “Puedo narrar la historia de mi vida con mi padre arriba de un auto” es algo que me pasó y me pasa también hoy, porque yo hago todo arriba del auto: escribo, leo, duermo, y estoy con mi hijo cuando lo llevo, lo traigo, lo espero y demás. Construí una mini casa móvil que voy transportándola, porque la historia de los autos también es la historia de un país. Mi cuarto propio es de alguna manera mi auto y los tiempos muertos donde puedo estar sola ahí, escribiendo.

¿Qué problemáticas atraviesan los cuentos a lo largo de esa década?

La cuestión de género siempre está presente y los varones están ahí para ser sostenidos y soportan menos, soportan menos el dolor, se enojan y no se permite estar tristes. En el cuento "Las Rusas" hay mucha reflexión sobre eso. De hecho, en ese cuento, y en el libro (por eso su nombre) las sostenedoras de muchas situaciones de la vida son las mujeres. Yo misma como madre sola fui la que tuve que armar una logística para que mi hijo y yo podamos vivir en este sistema y a la vez, escribir, que no es el trabajo que me dio de comer sino un proyecto de vida. Yo creo que "las rusas" son todas mis amigas, las mujeres de mi vida, las que me sostuvieron a mí como escritora y a las que miré de lejos, con admiración o a las que inventé en mi cabeza. Hay muchas maneras de ser familia, y hay muchas maneras de hacer literatura.

En la actualidad, ¿qué lees?

Leo todo el tiempo a mis contemporáneas. Ariana Harwicz, Margarita García Robayo, Maga Etchebarne, Mariana Enriquez, Marina Mariasch, Cecilia Pavón, Noe Vera, Majo Moirón, Maru Gersberg… Soy muy fan de quienes fueron mis compañeras en Máquina de Lavar, con ellas escribíamos poesía colectiva y con ellas aprendí la poesía así que siempre vuelvo a leerlas.

¿Cómo fue maternar en soledad, eso que narrás un poco en tu poema "Jefas de familia"?

Pasé de ser una persona que disponía totalmente de su tiempo y dinero a eso que describe Ariana Harwicz En Matate, amor como “el acoso del amor”. Y Luna Plutón es una figura de mi carta natal, una especie de cifrado que yo uso como campo semántico porque no sé nada de astrología, pero por lo que leí es un juego permanente de amor y destrucción que en la época de puerperio sale mucho a la luz y a mí me sirvió para ubicarme en esta nueva vida de persona que tiene que criar y mantener económicamente al mismo tiempo. Eso puede ser muy enloquecedor y si no lo volvía poesía, creo que definitivamente hubiera enloquecido. Las jefas de familia son las aliadas con las que me encontré en ese momento, que no necesariamente fueron mis amigas pero que fueron claves, con las que nos pasábamos los pañales por el ascensor a las tres de la mañana.

¿Estás escribiendo poesía o cuentos en este momento?

Estoy escribiendo una novela corta que se llama Malmö sobre dos hermanas que viajan a Suecia a buscar los restos de su padre, y un libro de poemas que se llama Quiero estar con vos. Y también un libro de cuentos para niñes, con la ilustradora Hexico, que se llama Pelusas en el ombligo, sobre una comunidad de pelusas que vive en el ombligo de un publicista y un día se hacen un fueguito y despiertan la ira del tipo que las quiere sacar a toda costa de su cuerpo.  

 

 

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