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Ficcion

El asesino de Papá Noel

Un cuento de Spencer Holst

"Todo empezó unos diez días antes de Navidad, cuando un Papá Noel del Ejército de Salvación fue asesinado en el centro". Uno de los cuentos de El idioma de los gatos en su versión de La Tercera Editora.

 

Por Spencer Holst. Traducción de Santiago Featherston.

 

 

Había una vez una persona que acabó con las guerras para siempre al asesinar a 42 Papás Noel.

Todo empezó unos diez días antes de Navidad, cuando un Papá Noel del Ejército de Salvación fue asesinado en el centro.

Un periódico matutino publicó la noticia, pero al día siguiente otros cinco Papás Noel fueron asesinados y el hecho apareció en la primera plana de todos los periódicos del país.

Cuatro de ellos fueron asesinados mientras recolectaban dinero para el Ejército de Salvación, y el quinto fue apuñalado en la sección de Juguetería de Gimbels.

¡La gente estaba escandalizada! ¡Era indignante! Se preguntaban qué clase de monstruo o demonio debía ser ese tipo, quiero decir, para arruinarles la Navidad a los niños asesinando a Papá Noel.

No estaban preocupados por las vidas en sí de los hombres asesinados, era sólo el efecto que esto tendría en los niños lo que alteraba a todos.

De manera que al día siguiente la ciudad se llenó de policías metropolitanos y estatales, agentes del FBI e incluso algunos oficiales de Inteligencia de la Marina, agentes del Tesoro y funcionarios del Departamento de Justicia, todos los cuales encontraron alguna excusa para intervenir en el caso; y otros diez Papás Noel fueron asesinados y nadie pudo atrapar al esquivo asesino.

Así que esa noche todos los Papás Noel que debían trabajar convocaron a una reunión secreta para decidir qué hacer.

Eran conscientes de su responsabilidad con los niños, pero, por otro lado, les parecía bastante tonto salir a la calle y ser asesinados por ese maníaco.

Y entonces un hombre, que era valiente y no tenía familiares a cargo, se ofreció a salir disfrazado y con una custodia fuertemente armada al día siguiente.

Pero le cortaron la garganta en su cama esa misma noche.

Y entonces ese día no hubo ningún Papá Noel en la ciudad.

Y la gente estaba bastante irritable y nerviosa, y los niños lloraban, y sin los Papás Noel simplemente no parecía Navidad.

Pero al día siguiente una alocada jovencita de Hollywood, una actriz que quería algo de publicidad, salió vestida con un disfraz de Mamá Noel.

Y la gente y los niños se congregaron a su alrededor, dado que era lo más parecido a Papá Noel que andaba por la calle, y ella obtuvo un montón de publicidad y no la mataron.

De modo que al día siguiente varias mujeres más prominentes salieron vestidas de Mamá Noel, con el pelo empolvado de blanco y polleras rojas y almohadones en sus vientres y gorros de Papá Noel, y tampoco a ellas las mataron.

Resolvieron que a lo mejor el maníaco se había retirado, por lo que enviaron a un Papá Noel de prueba, pero una hora después su cuerpo era conducido a Bellevue dentro de una ambulancia. Había tres balas en él.

Y así la Navidad de ese año fue celebrada con Mamás Noel.

Y como al año siguiente empezó a ocurrir nuevamente lo mismo, de inmediato enviaron a las mujeres otra vez a la calle.

Al año siguiente volvió a pasar lo mismo; y al otro, y al otro. Y año a año este paciente y escurridizo asesino mataba a cualquier hombre que se disfrazara de Papá Noel, hasta que finalmente, en los periódicos y las publicidades y el imaginario popular, Papá Noel perdió en cierto modo su protagonismo y Mamá Noel se convirtió en la figura central.

Quiero decir, Papá Noel todavía estaba allí. Él construía los juguetes en el Polo Norte y estaba a cargo de los elfos, pero era Mamá Noel quien conducía el trineo con los renos y se deslizaba por las chimeneas y repartía los regalos y cada año encabezaba el desfile de Navidad.

Y lo más curioso de todo era que las mujeres realmente parecían disfrutar ser Mamá Noel. Nadie tenía que pagarles y se puso tan de moda que en épocas navideñas las calles estaban colmadas de Mamás Noel. Y a medida que el tiempo pasó, ellas empezaron a hacer pequeñas modificaciones en el disfraz tradicional, primero cambiaron el tono del rojo, luego probaron con colores completamente distintos, hasta que al final cada disfraz fue único y fantástico, hermosamente coloreado, maravilloso.

Encabezar el desfile de Navidad se convirtió en un verdadero honor.

¡Y a los niños les encantaba!

¡La Navidad nunca antes había sido así, con todas esas Mamás Noel y tanta emoción y entusiasmo!

Pero estos chicos, esta nueva generación de niños que creció creyendo en Mamá Noel, eran bastante diferentes.

Porque, como sabrán, para los chicos muy pequeños Papá Noel es un dios.

Y por la época en que dejan de creer en Papá Noel, empiezan a ir a la escuela dominical y aprenden acerca de un nuevo Dios. Y este nuevo Dios no les hace regalos. Es un poco rudo.

Pero durante toda su vida añoran al antiguo dios de su infancia, a su dios Papá Noel.

Oigan sus oraciones, lo que dicen: «Dame lo que deseo».

Pero esta nueva generación de chicos que creció creyendo en Mamá Noel parecía tener una actitud diferente hacia las mujeres.

Empezaron a elegir mujeres para el Congreso y eligieron a una mujer presidente y mujeres alcaldes hasta que casi todo el país estuvo gobernado por mujeres.

Ellas se preocupaban sobre todo de cosas como la comida, y hubo muchos debates en el Congreso acerca de distintos regímenes alimentarios, y bastante pronto hasta la gente más pobre tuvo mucho que comer; y también les interesaban las casas, y pronto dejó de haber escasez de viviendas.

Pero había una sola cosa que no apoyaban.

Sencillamente se negaban a hacerlo.

Quiero decir, ¿qué posible motivación política podría hacer que estas mujeres enviaran a sus hombres a que los maten? ¡Era ridículo!

De manera que con su poder político y financiero y con el prestigio de los Estados Unidos, presionaron y alentaron a otros países para que dejaran gobernar a las mujeres.

Así la guerra terminó para siempre.

Los hombres siguieron haciendo lo que siempre habían hecho. Trabajaron en fábricas, y estudiaron matemáticas avanzadas, y apostaron a los caballos, y repartieron hielo, y discutieron de filosofía.

Pero estas discusiones de filosofía no causaban que la gente se muriera de hambre y se matara entre sí.

Y muy pronto, en todo el mundo ya no hubo nadie hambriento, y todos tenían lindas casas, y ya no hubo más guerras, y la gente empezó a ser feliz.

Si se detienen a pensarlo, había ocurrido una revolución mundial.

Y 42 Papás Noel no es tanta gente muerta para una revolución mundial.

Pero el asesino, o en verdad, el santo a quien tanto debía la humanidad, el mismo que planeó y llevó a cabo esta revolución casi sin derramar sangre, jamás fue descubierto y crucificado.

Simplemente siguió con su vida.

No, nadie descubrió nunca la identidad de este santo, es decir –ahh–, nadie salvo yo.

Yo sé quién es el santo.

Oh, no tengo ninguna prueba de ello, pero es precisamente por eso que estoy tan seguro de que lo sé.

Porque sólo hay una persona capaz de esto, sólo hay una persona con el genio, el atrevimiento, la imaginación, el coraje, el amor por la gente, el apetito de sangre y la paciencia requeridos para llevar a cabo esta, la más grandiosa de todas las hazañas.

Esa persona es mi hermanita.

 

 

 

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