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Andrés Hax: “Sabía que el material que estaba trabajando era real”

Por Luciano Lamberti

"Me encantaría escribir una novela sobre un piloto de la primera Guerra Mundial, pero nunca manejé un avión. En este caso, conocía el material", responde el periodista cultural nacido en Boston en 1970, radicado en Argentina desde 1996, alrededor de Ol de Pritty Jorses (17 Grises Editora) un libro híbrido que narra en paralelo su devoción por la escritura de Cormac McCarthy, el conflicto generacional con su padre y un ritual de iniciación a la escritura.

Por Luciano Lamberti.

 

Andres Hax nació en 1970, en Boston. En 1996 vino a vivir a Buenos Aires, donde fue redactor en Revista Ñ, en Cultura del diario Clarín y en el blog de Eterna Cadencia. Ahora acaba de publicar Ol de Pritty Jorses (17 Grises Editora) un libro híbrido que narra en paralelo su devoción por la escritura de Cormac McCarthy (el mismo título es una referencia a la novela All the pretty horses), el conflicto generacional con su padre, un viaje al archivo de McCarthy (donde encuentra, en uno de los manuscritos, el dibujo de una navaja) y un ritual de iniciación a la escritura.

Nos juntamos una mañana lluviosa en el bar de Eterna Cadencia, con el ruido de las gotas en el techo como telón de fondo y hablamos, como no podía ser de otra manera, del autor norteamericano, pero también de internet, de los padres y de los demonios interiores. Hax es alto y barbudo, y su acento es una mezcla perfecta de argentino, chileno y norteamericano: de padres chilenos, pasó gran parte de su infancia en Estados Unidos.

 

Todavía recuerdo la entrevista que le hizo Oprah a Cormac McCarthy a partir de la elección de La Carretera en su club del libro.

Lo lindo de esa entrevista es que ahí admite que atribuye muchos diálogos a su hijo. Dice que fueron a un motel y vieron unos fuegos a la distancia. Si hacés los números (porque él tuvo un hijo muy tarde) él no va a ver a su hijo de adulto. Entonces también hay un guiño al final. Yo lloré con ese final. Lloré literalmente. Y aparte él está en este instituto como invitado honorario, el Santa Fe Institute. Son todos científicos y él edita muchos libros de científicos, trabaja ahí. Pero en la novela no explica nada acerca de la explosión.

Vos citás en tu libro un ensayo suyo…

Sí, porque él siempre estuvo como lector y pensador más ligado a la ciencia que a la literatura. Y siempre tuvo este desdén por ese mundo. Por eso me acuerdo la entrevista con Oprah, yo estaba en Ñ en ese momento y dije: ¡Tenemos que hacer una nota! Y todos me miraban como si estuviera loco.

Pasa que no se hizo famoso hasta La carretera y la película (No es país para viejos) de los Cohen, ¿no?

En el 92 él sacó este libro, All the pretty horses y con eso pegó un salto desde el anonimato. Él ya tenía 57 años y le hicieron una campaña de marketing y ahí como que explotó. Previo a eso era como el típico escritor de escritores. Pero la novela que escribió antes es increíble, Meridiano de sangre. Y recibió una beca que se llama Becas MacArthur, que son como 600000 dólares sin compromiso, podés hacer lo que quieras con el dinero. Bueno, él la ganó y con eso escribió Meridiano de sangre.

Antes de este libro, ¿habías ensayado otros? ¿Tenés inéditos?

Siempre estuve en el ámbito de la lectura. Trabajé diez años en Ñ que fueron como diez años dorados que funcionaron muy bien, era un ámbito muy generoso y conocí muchos autores en este formato, el de la entrevista. Tengo muchas dudas sobre mis posibilidades de escribir, entonces tengo un mecanismo de autocensura muy grande. Siempre estoy escribiendo en cuadernos pero nunca, hasta éste, había intentado escribir un libro. Este es el primero que dije: voy a tratar de terminarlo.

¿Lo hiciste en el taller de Selva Almada?

Yo había vendido un libro de divulgación sobre Cormac McCarthy en una editorial. Dije: esto lo voy a hacer de taquito porque lo tengo re leído al tipo, y después empecé a escribir y me ensimismaba, y se fue convirtiendo en este otro engendro. Pero no hubo un plan. Este libro terminó siendo los restos de otro libro más formal que había pensado, de divulgación o de ensayo. Y después sí, lo que pasó es que estaba en Facebook y apareció una nota sobre un taller de Selva Almada, a quien admiro mucho como lector. Yo siempre fui muy prejuicioso con los talleres, pero estaba desesperado y quería terminarlo. La verdad es que me ayudó un montón obligarme a cerrar. Tomé todo el bulto que tenía y empecé de vuelta. No es que lo haya escrito desde cero. Pero lo que había escrito fue un borrador, y así lo tomé.

Genéricamente es un libro donde conviven la literatura del yo, la novela del padre, un libro sobre otro escritor, sobre la génesis de la escritura. Es una mezcla.

No tuve ninguna receta. Simplemente estaba volcando mi angustia y haciendo un chiste sobre ver si escribiendo un libro puedo salir de esta angustia.

Hay una idea borgeana que está en el libro que es que la lectura es más importante que la escritura. Una idea de la lectura como productiva. Además el hecho de ponerte como norte a Cormac McCarthy es complicado.

Claro, te frena un poco. Eso me pasa con todas mis lecturas. Te ponés la vara muy alta o no sé. ¿Para quién estás escribiendo? Es al fin bastante solitario, porque yo pensé que iba a liberarme pero me siento más angustiado que antes. Me saco este clavo y voy a sentirme libre. Pero ahora tengo un pánico que me inhibe para escribir. Creo que es muy vergonzoso escribir de uno mismo, pero mientras lo escribía sentía que sabía que el material que estaba trabajando era real. Cuando estoy escribiendo ficción me pasa que no sé si lo que escribo es real o no. Me encantaría escribir una novela sobre un piloto de la primera Guerra Mundial, pero nunca manejé un avión. En este caso, conocía el material. Si no voy a escribir sobre mí mismo pensé que por lo menos podía originar en el lector un entusiasmo por McCarthy, que a mí me parece genial.

¿La única forma de escribir es matando al padre?

Sí, es un poco clishé, también. Pero lo que me pasó concretamente es que mi viejo era una persona que hoy ama la literatura, tiene un reverencia por la literatura, lee mucho y bien, pero no quiere que me dedique a eso. Hubo un conflicto de mi vocación chocando contra él, pero es el cuento más viejo de la historia, también.

¿Y la literatura del yo te interesa?

Mirá, una cosa que sé es que quiero seguir escribiendo, pero esto podría ser una fórmula. No quiero seguir haciéndolo indefinidamente. En realidad este libro ejemplifica todas las cosas que odio. En el sentido de que, viste cuando ves la primera novela de un periodista una persona que circula en las letras, y tiene 120 páginas y es sobre sí mismo, que no puede escribir. Yo miro eso y digo: "Pero qué pedazo de hijo de puta. No podés ser tan cabrón. Hacé un esfuerzo, escribí algo". Es como la opción más fácil recurrir a vos mismo. Pero tenía una angustia real para sacar algo. Tengo esta ansiedad, no sé cómo explicarlo. Y hacer el viaje a los archivos de Cormac McCarthy me sirvió un poco para definirme. Tiene un poco de sangre en ese sentido, porque hice el esfuerzo de salirme de mí mismo y buscarlo al tipo. Y también dejé afuera un montón de cosas, porque también tomé la decisión de escribir el libro así, restando. Dejarlo corto. Pero en el camino, por ejemplo, porque estuve tres días en el archivo y miraba y miraba. Los archivos de All the pretty horses, yo quería ver como lo escribió, pero en realidad lo que presentó fue el último manuscrito. Pero en La carretera ahí sí hay más basura, más cosas que no entraron, y eso fue fascinante, ver su letra. Incluso en el archivo seleccionó, no se expuso completamente. Pero me dio mucha gracia que en el archivo de La carretera había una página que era la descripción de una autopista con los autos destruidos, y atrás, había escrito sobre un papel un listado de casas de campo en Irlanda, por millones de euros. Me encantó eso. Era como el apocalipsis versus planes de tener una casa. Ahí lo vi en calzoncillos, por decirlo así.

Él vivió de manera muy precaria mucho tiempo. Dicen que se bañaba en un barril.

Bueno, hay una novela que es muy fiel a esa experiencia que se llama Suttree. Yo creo que él vivió mucho tiempo así. Como un linyera prácticamente. Y lo que vi en los archivos, también, que dije que tendría que hacer una tesis doctoral, ya que iba a gastar tiempo y dinero, son las cartas que se manda con su editor, la correspondencia. Y en esas cartas se ve que él no ganó dinero nunca, vivió toda su vida muy empobrecido, con lo mínimo. Ganó muchas becas, eso sí. Y vivía con lo mínimo. Hizo otras entrevistas, una en el New York Times, otra en Rolling Stone, pero siempre es muy esquivo para hablar, se nota que la entrevista en cierto sentido está pactada. Hizo otra con los hermanos Cohen, cuando salió la peli, y ahí habla mucho de cine, sabe mucho de cine. Y eso vi en los archivos, también. Escribió un guión que nunca se publicó, no se hizo nada con eso, que se llama Ballenas y hombres, y era un guión de cine sobre un marino biólogo, un playboy de Florida y un noble irlandés. Era fabuloso. Todas las cosas que a él le preocupan están ahí. Un montón de cosas detrás. Mucha experiencia, mucho vivido que va a la escritura pero no está en la escritura de modo literal. Eso es algo que dijo Selva Almada, en el taller. Lo más importante es lo que no está. El famoso punto del iceberg.

Eso me llamó la atención en La carretera. La falta de explicaciones. Todo el desastre está descripto como “un tijeretazo de luz”.

Claro, viste que al principio el tipo se despierta y es como si tuviera glaucoma, ve todo gris. Y eso que él tiene una formación científica muy fuerte, que elige eludir en sus libros. Tiene un cuartito en el Instituto Santa Fe, que es como un centro multidisciplinario que estudia el fenómeno de la complejidad y el caos, los sistemas complejos. Y él tiene un cuartito ahí, con su máquina de escribir Olivetti. Él me parece uno de los últimos escritores que escribe en máquina, y sin conexión a internet. Y es significativo, eso.

El tuyo es un libro influenciado por internet, en gran medida, que linkea todo el tiempo cosas diversas.

Es que es cómo pensás te termina influyendo por más que no quieras. Yo tengo una relación de amor-odio con las redes. Lo que significa para mí es la interrupción continua y estos pensamientos así tan gigantes. En estos días no sé porqué mi feed en tuiter muestra la nueva ola de consciencia ecológica, es tan deprimente todo lo que sale. Cuando yo era chico vivía con el miedo de la bomba nuclear, me crié en Estados Unidos, en plena Guerra Fría, incluso hacían simulacros en el colegio primario. Pero ahora es como que el mundo se va a acabar, sin necesidad de la bomba. Y para hacer este libro apagué todas las redes y no participé, literalmente, por tres meses. Puse como una foto que era como un señalador. Y no abrí, ni leí, ni participé, y fue muy fructífero. Yo siempre digo que esto de querer ser escritor, y uso esta metáfora porque es decadente, es como querer jugar al polo. Necesitás laburar para mantener ese lujo.

A partir de estos “demonios” que aparecen en el libro, ¿creés que la escritura es un acto arriesgado, que implica un peligro?

Mirá, para decirte una cosa concreta, al libro no se lo mostré a mi viejo, ni se lo pienso mostrar. Tendría miedo de mostrárselo. Y a eso de Bloom[1] no lo entiendo, la verdad. Sé que poner eso en el libro es un poco cholulo. Pero al mismo tiempo es un concepto potente. Era una entrevista por teléfono, y medio que me dio piel de gallina cuando me lo dijo. Yo no soy ningún Rimbaud, no sentí ningún riesgo existencial o metafísico, pero puedo creer que otras personas más sensibles o elevadas sí lo sientan. Es una idea romántica.

¿Y Bolaño te gusta?

Bueno, acá expongo mi hipocresía. Yo creo que es trampa escribir sobre escritores. Siempre busco autores que salgan de ese mundo. Reconozco que es una hipocresía publicar este libro, que trabaja sobre escritores. Es una deuda pendiente que tengo con Bolaño.

 

 


[1]     En el libro se narra una entrevista telefónica al crítico literario Harold Bloom, fallecido recientemente, en la que Hax le pregunta si intentó escribir alguna vez y después de un largo silencio Bloom responde que de joven había intentado escribir poesía pero que descubrió que había que cruzar un portal vigilado por dos demonios, y que si lo cruzaba los demonios iban a devorárselo.

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