El producto fue agregado correctamente
Blog > > Del arte a la literatura: un recorrido por los autores que cruzaron el puente

Del arte a la literatura: un recorrido por los autores que cruzaron el puente

Por Gonzalo León

En la historia de la literatura y del arte no es raro que las disciplinas se mezclen, y se termine, por ejemplo, con un escritor hablando de arte o un artista haciendo lo propio de literatura. Desde Stendhal y sus shocks de belleza hasta Balzac adelantándose casi un siglo al expresionismo, visitando a Gertrude Stein, Proust, Henry James, Baudelaire y Apollinaire: un recorrido por los autores que abordaron esta disciplina como punto de reflexión para la propia escritura.

Por Gonzalo León.

 

En la historia de la literatura y del arte no es raro que las disciplinas se mezclen, y se termine, por ejemplo, con un escritor hablando de arte o un artista haciendo lo propio de literatura. El siglo XIX es particularmente prolífico en autores que abordaron esta disciplina como punto de reflexión para la propia escritura. 

Stendhal, Balzac y Baudelaire lo hicieron, podría decirse, de manera excepcional. El primero en Escritos sobre arte y teatro, en donde, como él mismo señala, le dice al público “con franqueza y sencillez" lo que siente ante cada uno de los cuadros que "honra con su atención”. Pero no sólo escribió ese libro, sino también Historia de la pintura en Italia (de hecho Stendhal es un gran observador de ese país y su cultura), y aquí escribe sobre Miguel Ángel, quien sin instrucción previa hizo aquellos sorprendentes frescos de la Capilla Sixtina, algo que para Stendhal habla de su genio. Stendhal se conmueve con el arte, llegando a una especie de éxtasis que podía ser perjudicial: “En este momento del viaje del alma sensible hacia la belleza pictórica, surge un peligroso escollo: ‘Tomar por admirable lo que en realidad no procura ningún placer’”. Quizá a esto se debe el famoso síndrome Stendhal, que consiste en estar golpeado o shockeado por tanta belleza.

Balzac, otro grande de la tradición francesa, también se sintió atraído por el arte, aunque de distinta forma que Stendhal. Escribió una nouvelle titulada La obra maestra desconocida, que pese a ser ficción trabaja con problemas típicos de la creación artística: el afán por la perfección es quizá el más notable, pero también se refiere a cuánto un artista está dispuesto a sacrificar para lograr la belleza, o cuándo una obra está terminada, y por supuesto al gusto popular. Básicamente el relato aborda tres estadios de lo que un pintor puede ser en su vida: principiante, consagrado y genio. Y Balzac lo hace con tres personajes. El más enigmático de todos y el que concentra la atención es el genio, el autor de la obra maestra.

La acción arranca con el maestro Frenhofer yendo a visitar a Francois Pourbus, una discípulo que tuvo y que en ese momento le va bastante bien; es conocido, la aristocracia le encarga obras y tiene un buen pasar. Entre medio surge el principiante que va al taller del pintor consagrado. Recién llegado a París, sin pinceles, y con una hermosa novia, decide ingresar al mundo de la pintura. El viejo pintor lo hace pasar, y de pronto están los tres observando obras y charlando de arte. Frenhofer observa una pintura que ha provocado la admiración del joven aspirante a pintor y se anima a hacerle una crítica, que en el fondo es una clase de pintura: “Has flotado indeciso entre los dos sistemas, entre el dibujo y el color, entre la flema minuciosa, la rigidez precisa de los viejos maestros alemanes y el ardor deslumbrante, la feliz abundancia de los pintores italianos. Has querido imitar a la vez a Hans Holbein y a Tiziano, a Alberto Durero y a Pablo Veronés”. Y es que Frenhofer no sólo es un maestro, sino también un genio, y los genios ven cosas que sólo ellos pueden ver, ya que se adelantan a los movimientos pictóricos. Frenhofer habla amargamente de una obra que no sabe cómo terminar, una obra que ya le ha llevado años; necesita, según él, observar la auténtica belleza y qué mejor que la de una modelo especial. El aspirante a pintor recuerda entonces el espíritu de su novia y de regreso en la pieza que alquila le propone a ella ser aquella modelo, pero ella dice que de hacerlo él ya no la podría mirar de la misma forma, y que el amor se perdería; el muchacho le asegura que la va a seguir queriendo y se encaminan al taller de Frenhofer. Pourbus y el joven esperan afuera, mientras el maestro la retrata, y luego ingresan cuando parece ser que la obra ha quedado terminada.

Lo que encuentran no es pintura figurativa, sino lo que será el expresionismo y las vanguardias. Balzac se adelanta casi ochenta años al surgimiento del expresionismo y de las vanguardias. Cézanne, de hecho, dijo “Frenhofer soy yo” y Picasso vivió veinte años en la misma dirección de la casa de Pourbus.

Baudelaire, a diferencia de Balzac, hace un ensayo. En El pintor de la vida moderna Baudelaire hace una apuesta por un pintor que a él le parece que refleja la modernidad, algo que de alguna manera trató de hacer Balzac desde la ficción, en este caso de Guys, un artista menor que sin embargo le da el pie para esta reflexión, donde define la modernidad como lo transitorio, “lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable”. Baudelaire, siguiendo los razonamientos de Stendhal, afirma que lo bello está hecho por un elemento eterno e inmutable, pero también de un elemento “relativo, circunstancial, que será, si se quiere, sucesiva o simultáneamente, la época, la moda, la moral, la pasión”. Alan Pauls, en el prólogo de Mi corazón al desnudo y otros escritos íntimos, de Baudelaire, señala que lo que en definitiva hace este poeta es inventar “otra modernidad radical”, que consiste en “que no hay belleza sin imperfección, sin fugacidad, sin punctum histórico”.

Ya en el siglo XX Apollinaire también escribió de arte en Crónicas del cubismo. Algunos de los textos corresponden a catálogos de muestras, por ejemplo el de 1908 dedicado a Georges Braque, uno de los maestros del cubismo junto a Picasso, allí Apollinaire comienza así el texto: “Hasta hace muy poco, los esfuerzos a los que ciertos artistas se entregaban para renovar las artes plásticas estaban expuestos a burlas no sólo del público sino de toda la crítica. Hoy, las bromas han cesado”. Apollinaire se pasea por las muestras que hay en París entre 1905 y 1918 para ver cómo el arte va cambiando o, para ser más precisos, cómo las vanguardias se van constituyendo; se trata entonces de un testigo de primera línea, que además participa de este cambio o revolución en el arte. No sólo Apollinaire habla de los pintores cubistas, sino también de los futuristas, como de Marinetti y Boccioni.

Antes que Apollinaire, un joven Proust escribió de arte en la revista Le Mensuel, pero lo suyo no es tan específico como lo de sus predecesores. En 1890, por ejemplo, escribe sobre una exposición internacional de pintura y se fija, en primer término, del tamaño de la sala y luego se lanza a hablar de ciertas tendencias en la juventud donde se quiere renovar el arte: “Las rebeliones de una juventud perturbada por las tendencias actuales son algo muy natural: existen en la literatura, la poesía el teatro. Están latentes en el aire que respiramos, en la educación que recibimos”. A los 19 años, Proust cree que antes de renovar cualquier arte primero hay que conocer lo que existe, es decir la tradición. Proust comenta arte en Le Mensuel como comenta moda, lo que indica que tenía, al menos hasta ese momento, otra concepción de la importancia del arte, que la ponía en un lugar equivalente al de la moda. Sin duda aquí puede estar una de sus grandes obsesiones: el esnobismo.

En este punto cabe preguntarse si estos escritores han abordado el arte como un tema de interés en sí o porque han visto en ciertos dilemas del arte algunas soluciones para su escritura. En cualquier caso los autores durante el siglo XX siguieron escribiendo de arte, llegando al nuevo continente americano.

Henry James en el cuento "Lo real" precisamente se plantea un problema literario a través de una situación que es más propia del arte. El cuento arranca con un artista que necesita una pareja de modelo para hacer un retrato, pone un aviso en un medio local y se sienta a esperar. En un momento tocan a la puerta y, cuando abre, se da cuenta de que la pareja que tenía pensada pintar estaba frente a sus ojos. ¿Qué hacer cuando los modelos de la realidad se imponen o se superponen a los modelos de la creación?, parece ser el dilema que se plantea James, aunque también esto puede ser considerado desde otra perspectiva: dado el realismo imperante en la literatura cómo o de qué forma se le podría evitar. James rechaza a la pareja, como si le diera un portazo al realismo.

La escritora –y compatriota de James– Gertrude Stein estuvo muy cerca de las vanguardias artísticas de principios de siglo XX. No sólo Picasso la retrató, sino que buena parte de su obra podría interpretarse como un gran cuadro vanguardista, como los dos tomos de Ser norteamericanos. En el prólogo del primer tomo, Mariano Antolín-Rato observa que “las palabras no son consideradas como elemento de un conjunto, sino por ellas mismas del mismo modo que en Cézanne los planos eran objeto de estudio por sí mismo y no en función de una visión global del volumen”. En Stein hay mucho juego de palabras, reiteraciones, vueltas, desvíos, que a veces no conducen a nada: “Que cada persona se sienta distinta a las demás debido a algo que hay en su interior, es una cuestión muy interesante. Que cada persona se sienta virtuosa gracias a algo que hay en su interior, es una cuestión muy interesante. Que cada persona se sienta honesta gracias a algo que hay en su interior es una cuestión muy interesante”.

Otro autor americano que trató desde la ficción el arte, o más bien el circuito del arte fue Steve Martin –actor cómico, coleccionista de arte y novelista–, quien en la novela Un objeto de belleza narra las desventuras de Lacey Yager, una bella chica que se va abriendo paso en el difícil mundo del arte. La historia da pie para que Martin despliegue su conocimiento del arte y vaya contando otra historia: la del arte neoyorquino, desde los 90 hasta mediados de los 2000, pasando por la caída de las Torres Gemelas. El ascenso de Lager en el mundo del arte neoyorquino le permite a Martin desplegar sus conocimientos en el tema, con dosis del humor y la mordacidad que se le conocen en el cine: “Si el cubismo hablaba desde el intelecto”, escribe, “y el expresionismo abstracto hablaba desde la psique, el pop hablaba desde la falta de cerebro”.

Pero no sólo autores franceses y estadounidenses han abordado el arte de diferente forma en sus escritos, en Latinoamérica también ha habido un proceso similar. El chileno Adolfo Couve tiene varias novelas que abordan algunos problemas propios del arte: editorial Blatt & Ríos publicó tres de ellas en un tomo titulado Tres novelas breves. Como se sabe, Couve fue pintor, profesor de pintura en la Universidad de Chile y escritor, tenía un gusto por Velázquez que trasmitía no sólo a sus alumnos, sino que quizá en su gusto por las descripciones están un poco las pinceladas que llevó a su literatura. En La comedia del arte, que no está en Tres novelas, desarrolla el problema planteado por James, es decir el de los modelos. Couve murió en 1998. De ahí en adelante otros escritores latinoamericanos han escrito de arte. Un compatriota de Couve, Gonzalo Millán, lo hizo desde la poesía abordando la pintura de Caravaggio en Claroscuro.

Obviamente hay autores argentinos que también han incursionado en esta línea y en diversos registros: César Aira (Artforum, Sobre el arte contemporáneo, ‘Picasso’, etcétera), Arturo Carrera (Anch´io sono pittore!), Fernanda Laguna (Carteles de mi diario íntimo), María Negroni (Elegía Joseph Cornell), Mario Arteca (Impresión de un folleto). Como narradora, María Gainza ha sido bien persistente en esto, ya que sus dos libros tratan de arte: El nervio óptico y La luz negra. Gainza en La luz negra pone en escena problemas o temas que en el arte llevan años discutiéndose y en algún punto ya están superados, como el plagio o la falsificación y el mercado negro que lo rodea. Otra autora que se ha destacado, pero desde la poesía, fue Juana Bignozzi con Las poetas visitan a Andrea del Sarto; aquí como en El nervio óptico hay un trabajo biográfico, pero que en este caso va más allá, hacia una nueva forma der arte, el manierismo de Andrea del Sarto, que vino a romper con las reglas pictóricas establecidas durante el Renacimiento, y cómo abordar un tema de otra disciplina desde la poesía.

Colombia se une a esta línea, que en un punto podría ya llamarse tradición. La obra de Pablo Montoya, sin ir más lejos, ganador del Premio Rómulo Gallegos, se caracteriza por tener protagonistas artistas. En la nouvelle La sed del ojo, publicada en Argentina por Puente Aéreo (hoy afectada por la crisis editorial y en suspenso), el protagonista es uno de los primeros artistas en ejercer la fotografía erótica en el París del siglo XIX; incomprendido, un policía empieza su cacería porque entiende que lo que él hace es pornografía. Quizá aquí Montoya lo que hace es retomar el problema planteado por Baudelaire. Algo similar sucede con la novela Tríptico de la infamia; dividida en tres partes como indica su título, sus personajes son artistas, nuevamente franceses, los personajes son tres artistas franceses, y aborda el impacto que generó en la Francia del siglo XVI el nuevo continente americano, con las peleas entre hugonotes y católicos. En una entrevista concedida a un medio argentino, Montoya señaló que “mi literatura gira en torno al arte y casi todo lo que he escrito trata de pintores, músicos, fotógrafos, que siempre están cuestionándose un poco sobre el oficio del arte. ¿Qué significa hacer arte y qué significa representar las diferentes facetas de la belleza o del horror?”.

Por último, podrían mencionarse aquellas obras que habiendo sido hechas por escritores podrían considerarse obras de arte en sí. Teatro proletario de cámara, de Osvaldo Lamborghini; Obras públicas, de Nicanor Parra, y El Annapurna, de Diego Maqueira. Y sólo esta última está publicada por un sello local, Lux, de Bahía Blanca.

 

Artículos relacionados

Martes 29 de marzo de 2016
Cómo se llama tu libro
Se entregó el premio al libro con el título más raro del año.
Mundo bizarro
Miércoles 06 de abril de 2016
"Escribo para acomodarme la cabeza"

Eduardo Sacheri ganó el Premio Alfaguara 2016 con la novela La noche de la usina. “Me encanta que la literatura esté llena de mensajes, pero no quiero me los ponga el autor”, dice.

Se entregó el Premio Alfaguara
Lunes 18 de abril de 2016
Buenos Aires, ciudad escuela de escritores
Maestría en Escritura Creativa en la UNTREF, Licenciatura en Artes de la Escritura en UNA, cursos en instituciones, talleres privados y centros culturales: Buenos Aires se potencia como capital de formación de escritores en español y recibe avalanchas de postulantes.
Crece la oferta de formación
Viernes 22 de abril de 2016
Para no perderse en la feria
Un gps para encontrar algunos de los stands más interesantes de la 42° Feria del Libro.
Feria del libro de Buenos Aires
Viernes 22 de abril de 2016
Shakespeare not dead
Carlos Gamerro dio ayer una clase magistral gratuita en el Centro Cultural San Martín donde, a partir de escenas de Hamlet y Enrique IV, explicó el porqué de la vigencia de Shakespeare en la cultura occidental.
A 400 años de su muerte
Lunes 25 de abril de 2016
Para no perderse en la feria
Algunas de las actividades más destacadas de la segunda semana de la 42° Feria del Libro de Buenos Aires.
Feria del libro de Buenos Aires
×
Aceptar
×
Seguir comprando
Finalizar compra
0 item(s) agregado tu carrito
MUTMA
Continuar
CHECKOUT
×
Se va a agregar 1 ítem a tu carrito
¿Es para un colectivo?
No
Aceptar