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Gonzalo Heredia: “Todo está en los libros”

Compartimos la entrevista de Lala Toutonián al actor que va por su segunda novela, El punto de no retorno (Alto Pogo), en el ciclo de Filba en la librería.

Por Lala Toutonián. Fotos: Filba.

 

 

 

Así como en Construcción de la mentira (Alto Pogo), su primera novela, Gonzalo Heredia indaga sobre la vida de un actor que, sumergido en un escenario inestable y superficial, se cuestiona su existencia, sus deseos, neurosis, obsesiones y, sobre todo, el lugar que los demás construyeron sobre él a lo largo de su carrera con voz potente discute al medio en el que trabaja e ironiza sobre los distintos roles que debe representar, como si ser actor lo predispusiera para no dejar de actuar nunca, ni siquiera frente a sus íntimos; aquí lo hace con su nuevo libro.

En El punto de no retorno, Heredia reconstruye el universo de escritores, en este caso un joven aspirante a escritor que ese espacio como un lugar habitado por dioses y, por qué no, personajes desesperados.

 

Construcción de la mentira tenía una voz muy íntima y en El punto de no retorno, se aleja quizá un poco, pero no deja de ser una historia personal. ¿Cómo lo trabajás?

Con Construcción… fue la primera vez que hablé primero con un editor y después con Marcos [Almada, editor Alto Pogo], nos contactamos, yo ya le había mandado el manuscrito y evidentemente lo había leído y me hizo la primera devolución. Lo primero que me dijo fue lo del artículo: se llamaba La construcción de la mentira, igual le siguen diciendo a veces La construcción de la mentira; como tiene algo de fantasía también de lo que es como el mecanismo de esa construcción de la mentira que queda cómodo y quedó de esa forma. Pero él me dijo eso “Un artículo nunca va en el título”. Una persona que en la primera llamada ya está laburando con vos, ya está desplegando en una mesa las herramientas, me encantó, me enamoró desde esa primera charla.

La apuesta de una editorial independiente, que haya apostado por un actor, un tipo conocido lo que a veces es un doble juego, a veces te puede jugar en contra también. Evidentemente fue bien, la novela te insertó en el mundo editorial y eso te llevó eventualmente a escribir una segunda. ¿Cuánto tiempo te tomó?

Tres años. Publicamos Construcción de la mentira en el 2018 y siempre pasa esto del nido vacío, de página en blanco, como esa fantasía que en realidad nunca es tal, uno siempre tiene retazos y cosas escritas, escenas o sobras de texto que te quedaron, personajes, voces, lo que sea. Tenía un texto dando vueltas que también se lo había hecho leer a Marcos en mi casa, casi lo he obligado y en ese momento era un relato que después terminó siendo parte de El punto de no retorno, que fue lo último que se sumó al texto.

Santiago Cruz, el protagonista pareciera volver a ser tu álter ego, como el de Construcción… un actor que se llama Gonzalo Herdia pero el nombre aparece tachado.

Así es. Para quienes no leyeron la novela: hay un chico llamado Santiago Cruz que está construyéndose a sí mismo como escritor, como narrador, pero como un lector también. Asiste a un taller literario, un taller de escritura que conoce a través de una novela a un escritor Hernán Saiétz; entonces medio que lo persigue, hasta que va a su casa y cae en este taller literario, va con un relato que lo tiene agarrado como si fuera una balsa, está aferrado a ese relato porque cree que es bueno, también porque cree que es la primera vez que escribió algo y cuando uno cree que es la primera vez que escribió algo está como muy aferrado a eso y a mí con ese relato me pasó un poco eso. Ese relato lo escribí en una libreta, de esas que son tipo de verdulería, espiraladas. Me acuerdo que escribí una especie de relato, no sé si llamarlo poesía o relato, lo que sea.

Tipo prosa.

Eso, una prosa. Lo escribí en el año 2003, estamos en el 2022. Por eso digo esto de aferrarse a un relato, aferrarse a ese texto... A partir de eso, era lo único que tenía escrito, también tenía una serie de emails: al principio, la novela yo la pensaba en emails, la pensaba con voces, la quería construir de esa forma.

¿Cómo una correspondencia quizás?

Como una correspondencia, muy a lo Relaciones peligrosas. También estaba como situado o había imaginado situarlo en la época como boom de los blogs y ver qué pasaba con estos escritores incipientes o estas personas que se insertaban como en esa nueva comunidad bloguera, en donde todos se leían unos a otros y empezaba a formarse esa comunidad y hasta fiestas y todos tenían esta necesidad de ser leídos y sobre todo de escribir, ¿no? Después empezó a decantar un poco el tiempo y empezaron a aparecer escenas, imágenes, empezó a aparecer esto de un poco lo que se cuenta en La lección del maestro de Henry James de la relación maestro-alumno. A través del taller literario o lo que sea, pero digo en todo sentido ¿Qué pasa ahí? A mí me ha pasado cuando fui a escuelas de teatro, talleres de actuación y demás ¿Qué pasa en esas relaciones entre alumno-maestro? ¿Qué pasa también con ese maestro? ¿También fue ese escritor incipiente que quería comerse al mundo y qué pasaba cuando ese arco ya estaba casi trazado? Cuando es un tipo que ya publicó, que no pasó absolutamente nada con sus libros, que diría ya no tiene mucho por contar y que toda esa expectativa que ibas a construir una revolución a partir de la palabra, no es tal. Cuando se enfrenta con ese punto de su vida, ¿qué pasaba? Se convierte en frustración, como también se convierte también en maestro y que le dice a sus discípulos parado en ese punto. Entonces empezó a aparecer esto de los personajes secundarios, la construcción misma del lector, porque creo en un taller literario, más allá de ir a escribir, uno va a aprender a leer. No es fácil leer, no es fácil en sentido de llegar a ese punto profundo en donde uno siente que realmente toca el alma del texto, por eso se habla mucho de las relecturas y por eso se habla de que uno lee mejor cuando relee un texto, relee una novela. A partir de ahí se empezaron a formar ciertas escenas, me interesaba mucho también la relación de escritor-escritora, la pareja, ese ida y vuelta y esa competencia, muchas veces privada y también esto del público con los lectores y las lectoras dentro de esa ficción que el escritor contaba. Cuando vos tenés como cierta musa inspiradora ¿Qué pasa con eso? Digo ¿Es así? ¿Es tal? ¿Cómo vive esa musa? ¿Cómo vive dentro de esa realidad o dentro de esa ficción? Bueno, esas fueron las preguntas disparadoras del texto.

Casi spoileás El punto de no retorno…

Viste que El punto de no retorno empieza con artículo ¿no?

Empieza con artículo.

Y el editor no dijo nada, esta vez.

Un autor crece con sus libros; o debería; otro tipo de escritura más trabajada, mucho más construida, esto que tan bien relatabas de los personajes es algo que ya lo hacés en el primero que, como éste, también está en primera persona. Por un lado te pregunto  ¿El punto de no retorno es un fin de ciclo? Y otra: hay mucho tuyo en ambas partes. ¿Cuánto pusiste de vos? ¿Qué cerraste acá? ¿Qué es este punto de no retorno? 

Está muy bien de verdad porque lo de fin de ciclo me lo dijo Marcos cuando estábamos en plena corrección de El punto de no retorno. Encerrados como unos enfermos y el mundo se estaba devastando afuera. Lo escribí durante toda la pandemia, el texto bueno había construido un manuscrito durante el 2018 y el 2019 y lo dejé un tiempo reposar porque tenía que trabajar -de hecho trabajé todo el 2019- y lo que hice durante ese tiempo, fue un acopio de lecturas con lo que yo intuía referidas al tema que quería contar o que quería construir. Lo empecé a escribir, la primera sentada fue el 12 de diciembre del 2019 y la última fue… no sé, en algún momento. Con respecto a la pregunta, yo creo que sí, esto es un fin de ciclo en algún punto sí y no es casual también que entre las dos novelas vimos como se aborden dos hemisferios que quizás convivan dentro de mí, no digo que yo estoy construido por dos mitades, lo digo como concretamente hay algo en lo que siempre hay una pregunta de “¿Cómo llevás la actuación?” o “¿Cómo llevás esto de escribir?”. Siempre están estas dos, como el actor que lee, siempre están esos dos hemisferios que están constantemente. Entonces es muy probable que sea un fin de ciclo. Lo que pasó con Construcción de la mentira es que fue la búsqueda de la voz narrativa de la persona que se sentó a escribir y obviamente hubo un tema: el abordaje de la realidad en la ficción que me interpela, que me interpeló, que me llevó a querer contar Construcción de la mentira; pero también es la búsqueda de una primera voz y entonces por eso la primera persona, también un mundo conocido y también jugar con esto de ser consciente de que yo iba a escribir un libro, una novela, entonces tomar eso que se podía llegar a decir, que se podía llegar a pensar y convertirlo en ficción, meterlo dentro de la novela también; digo en la novela pasa esto de que hay una persona que escribe casi de una forma como anfibia que va como mutando, como una especie de espía dentro de este mundo del espectáculo, que empieza a “contar cosas privadas” y demás, se juega con eso y está mi nombre y mi apellido tachado que eso juega como un doble error, eso de querer ser y no ser o hacer de cuenta que te tomas una máscara y no te la sacás, como jugar con eso, pero no deja de ser también una primera voz narrativa. En El punto de no retorno lo que pasó es esto de ¿Ahora qué? ¿Qué pasa ahora? ¿Ahora qué se cuenta? En donde también hay una construcción porque en principio el personaje, que podría llamarlo alter ego, pero también se habla de eso; se ve que las novelas del escritor este Hernan Saietz también son en primera persona y también habla, en un momento hay una entrevista y le preguntan ¿Sos vos? ¿No sos vos? ¿Hablás de tu vida o no? Y ya el hinchado las pelotas de que le pregunten lo mismo dice que la verdad de un escritor se la apropian los lectores, a mí me parece muy genial eso, porque esto de aprender la realidad para mí es algo prácticamente imposible. Entonces, ya partiendo de ese lugar, uno tiene como una premisa y vas a un cierto lugar porque querés contar otra cosa. Se juega con esto constantemente de ¿Cómo construís la ficción? ¿Cómo construiste esta novela? ¿Cómo construís tus bibliografías? La historia que querés contar y Mariela muy atinadamente habla de esto, de que nunca se puede palpar la realidad, es imposible eso, existen puntos de vista; también el hecho real, el hecho de que todos estemos acá y estemos viviendo el mismo momento. Hay una frase que para mí es la columna vertebral que es lo que fue a lo largo de toda la novela que es el cuento de El pozo de Onetti, hay una frase que habla de el alma de los hechos, que los hechos son vacíos y que son recipientes que se llenan según el sentimiento que uno use; a mí es una frase que me interpeló absolutamente porque habla justamente de eso, los hechos son hechos, no están construidos o compuestos de una materia palpable que para todos o para todas es lo mismo, hay algo en donde la materia prima es diferente y eso para mí habla de los puntos de vista de cada uno. El tema es lo que vos querés contar a partir de eso, lo que yo quiero contar si Lala y yo tomamos el mismo hecho y lo llevamos a la ficción o lo llevamos al papel, digo ¿Qué es lo que querés contar con ese mismo hecho que vivimos los dos? Y ahí aparece esto 

El tiempo es clave en esta novela. Y la otra, creo, tiene que ver con la realidad de un escritor, que es la soledad. 

Sí, claro. No olvidemos que también fue escrito durante una pandemia en donde realmente yo viví la incertidumbre.  Los temores. Y fue lo único que me mantuvo a flote o con cierta disciplina durante estos últimos dos años. Entonces, sí totalmente hay algo de la soledad, en donde hay nostalgia. Fue una novela que me costó escribir. Luché mucho porque por momentos me parecía ridícula e infantil y si hay algo que yo hago es laburar, me siento e insisto, para mí no existe otra forma.  Esta novela estaba escrita, como te dije, con mails, después empezó a construir una novela con escenas, con conflictos, con demás sentido más estructural y al principio eran cuatro personajes y en un momento se hizo un nudo. Luego hubo algo en donde se empezó a ensanchar y a fluir y seguí escribiendo. Erróneamente quizás al principio intenté construir una polifonía en donde todavía no había interioridad, me resultó bastante difícil, bastante inalcanzable, pero el camino que hice fue partir de acá, como diría La Renga: “El final es en donde partí”; fue exactamente eso, porque no por nada este cuento relato, que en un principio era esto nunca existió, no estaba y lo último que se agregó fue eso, entonces fue algo en donde lidié mucho con esta soledad de la que hablamos y también con la soledad misma de los personajes. Asi que sí, hay soledad y hay tiempo. Tiene un poco que ver con el final de donde partí, el punto de no retorno, algo evidentemente tiene que caminar cierto tramo para volver al mismo lugar, hay algo de eso que uno tiene que transitar. 

 

Creo que te has reinventado, y sin salirte de tu rol de actor -porque uno puede ser dos cosas, tres cosas, cuatro cosas, puede ser un montón de cosas a la vez-, hay una frase en particular en el libro que creo que resume bastante tu ser, todos estos seres que podes llegar a ser.

A lo Pessoa.

Él era un montón. Vos decís en un momento: “Todo está en los libros” y nos mandás a leer. 

Sí, está Henry James y unos cuantos más. está. Edith Wharton también. De hecho hay un cuento de Edith Wharton que es un poco descubrir las herramientas con las que uno construyó las cosas, se llama La tragedia de la musa y la historia de Mariela es muy parecida o tiene muchas cosas de La tragedia de la musa, de esta musa que todo el mundo piensa, que es una fuente de inspiración y demás y nada que ver, cero. Epn este caso la relación es bastante tóxica entre ellos. ¡Pero, claro, todo está en los libros! ara mí es así.

Es así. Y sos un militante de la lectura.

Soy un militante de la literatura… militante de la lectura, sí, ¡para mí todo está en los libros! Esta novela también es una celebración a la lectura. Abelardo Castillo hablaba de construir la familia literaria. Que un escritor o escritora te hable de lo otro sin que vos descubras como su voz, esa corriente de pensamiento y que esa corriente de pensamiento te lleve a otros lugares. A Edith Wharton no la conocía hasta que Guillermo Martínez vino al programa “Notas al pie” y me contó sobre ella. Si te gusta Henry James, tenés que leer a Edith Wharton que fue su discípula.

Usás mucho la palabra discípula o discípulo cuando una cosa es un estudiante o un alumno; a discípulo le doy una concepción más espiritual si lo querés.

Sí, entiendo, claro.  Pero había cierto romanticismo todavía en la palabra. Quizá tenga que ver con eso y al discípulo lo relaciono con la palabra legado también. Entonces hay algo que se empezaba a construir. Me parece saludable.

¿La escritura te sana? Saiétz, uno de tus personajes dice “¿Qué es escribir? Escribir es una enfermedad”. 

La palabra enfermedad tiene muy mal marketing. Cuando empezás a escribir, se piensa constantemente en eso, en la forma, en los textos o las novelas que podés leer para construir esa forma, en qué voces van a tener esos personajes, vas caminando, vivís, le cortás melón a tu hija y mientras cortás y el cuchillo se hunde estás pensando en cómo construir el párrafo que querés construir, de qué color tienen que ser las cortinas del bar en el donde está tu personaje en este momento y si constantemente te estás diciendo tranquilo, porque el personajes está todavía sentado en el bar y hay algo para contar todavía, hay todavía un ímpetu para mañana levantarte a las siete de la mañana porque hay algo para decir, hay algo que podés reescribir y tranquilo porque todavía está en tercera persona y la podés pasar a primera persona y todavía capaz que tenes la suerte de seguir escribiendo un poco más porque está en primera persona y a vos el texto de oxigena de otra forma y escribís una oración porque te parece que es genial, no solamente por la genialidad en sí sino por el disparador. Todo eso me suena a enfermedad. 

 

 

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