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La música cura

Instrumental, de James Rhodes 

"Schumann dijo: 'Mandar luz a la oscuridad del corazón de los hombres: ése es el deber del artista'. Y Rhodes es un artista. Claro que lo es". Sobre Instrumental, publicado por Blackie Books.

Por Nacho Damiano.

Instrumental es un libro, como mínimo, extraño. ¿Es una biografía? Puede ser. ¿Es un manual de música clásica? Un poco sí. ¿Es un ensayo sobre la innumerable cantidad de traumas de por vida con los que se queda una persona que sufrió abusos sexuales cuando era un niño? También. ¿Tiene algo de libro de autoayuda en el mejor sentido de la palabra? Es probable. ¿Se puede armar un volumen coherente, interesante, rupturista y —aunque el tema pareciera impedirlo— entretenido con esos materiales? Sin dudas. James Rhodes lo hizo.

Un dato no menor, que el lector argentino no familiarizado con el universo de la música clásica puede pasar por alto, es que Rhodes es uno de los pianistas más reconocidos del mundo y que en Inglaterra goza (¿goza?) de cierta fama porque condujo varios documentales para la BBC y todas las semanas escribe una columna en The Guardian. Esto hace que la experiencia de lectura vaya sumando capas, porque la línea que separa la “literatura del yo” de la realidad en este caso desaparece: los hechos que narra efectivamente sucedieron. 

Desde lo formal también es rupturista. Por ejemplo, Rhodes se tomó el trabajo de armar una lista de Spotify (si alguien quiere disfrutarla antes de tener el libro, es esta) que reúne piezas clásicas que “maridan” bien con cada uno de los capítulos. Si bien es una perogrullada, es impresionante el poder que tiene la música para generar climas y sensaciones inefables, cambiando por completo la experiencia de lectura. Además, claro, Instrumental es una gran obra que mantiene su autonomía literaria intacta, aún si se ignoran los detalles mencionados. 

¿Y por qué es una gran obra? Porque narra, en una primera persona ultracoloquial, con una voz salida desde el fondo de las entrañas, los abusos que sufrió a manos de su profesor de gimnasia de la primaria (con frases como, y perdón por la traducción, ya hablaremos de eso: “¿Queréis saber cómo arrebatar a un niño  todo lo que le hace ser niño? Folláoslo”), su problema con todo tipo de drogas, su alcoholismo, sus autolesiones, las varias internaciones en instituciones psiquiátricas tanto inglesas como estadounidenses, el nacimiento de su hijo, la pérdida de su hijo, la vida cotidiana de una súper estrella de la música clásica, el proceso creativo implicado en tocar el piano y las biografías de los músicos más importantes de la historia como sólo un gran escritor puede hacerlo, logrando que todo parezca sinérgico y armónico. Y lo logra en gran medida gracias al nivel de detalle. Rhodes se queda desnudo frente al lector, muestra todo lo que tiene, evita deliberadamente la autocondescendencia y la victimización (“El egoísmo de las víctimas es lo que más cuesta tolerar y tratar con compasión. Somos imbéciles. Es prácticamente imposible querernos”). 

Pero por sobre todas las cosas, Instrumental es un libro sobre música escrito con la generosidad de quien sabe mucho y no tiene ninguna intención de guardarse la información. Alguien cuyo mayor interés es que la música clásica salga del claustro en el que está encerrada desde hace por lo menos un siglo para que llegue a todos. Y es ante todo un libro sobre música porque, aunque quisiera, Rhodes no puede evitarlo: vive por y para la música. Antes de cada capítulo explica por qué eligió esa pieza en particular como banda de sonido de lo que estamos por leer, y esa forma de organizar el libro no es más que la forma en la que Rhodes organiza la propia experiencia vital. Lo difícil es conseguir que sea interesante aún para los neófitos. ¿Y cómo seducir a un neófito sino mediante la simpleza y la ausencia de acartonamiento? “Ravel fue un francés asexuado, obsesionado con su madre, que compuso menos de noventa piezas en el transcurso de su vida. Fue un dandi y fumador compulsivo a quien su música le hacía sudar sangre y que tenía que arrancarse cada nota con dolor, lenta y metódicamente. A pesar de haber acabado algo jodido por el trauma de participar como camionero en la Primera Guerra Mundial y de haber sufrido daños cerebrales a raíz de un choque con un taxi parisino, sigue siendo el genio más destacado de la música francesa.” Si al terminar este pasaje el lector no sale corriendo a escuchar algo de Ravel debería tomarse el pulso. Probablemente esté muerto.

Un párrafo para la edición de Blackie Books, editorial catalana que hizo un trabajo magnífico, el libro es un objeto hermoso. Pero la traducción es un verdadero problema. Un estilo tan coloquial que parece originado en las puertas mismas del infierno sufre muchísimo al llegar a nuestras manos en un castellano TAN español. Pero eso no es todo. El subtítulo original “A memoir of madness, medication and music” se transformó en “Memorias de música, medicina y locura”. De ninguna manera es lo mismo que música (o locura) sean la primera o la última palabra, en literatura el orden de los factores ES el producto. Además, ¿justo en un subtítulo? Un golpe duro para la confianza en la fidelidad al original. 

Como cierre, rescatar la idea que estructura todo el libro: la música cura. Sin eufemismos ni metáforas. Cura problemas reales. Y, en el proceso de escritura del libro, Rhodes se va dando cuenta de que la escritura también es terapéutica. Afortunadamente para nosotros, la lectura no se queda atrás. No importa con qué problemas previos entre el lector a Instrumental. Con toda certeza, va a salir mejor de lo que llegó. Con más ganas. Con más optimismo. Schumann dijo: “Mandar luz a la oscuridad del corazón de los hombres: ése es el deber del artista”. Y Rhodes es un artista. Claro que lo es.

 

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