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Susana Pampín: "Lo real es un trampolín para la ficción"

Y su libro Arroyo 

Marciana acaba de publicar Arroyo, un diario ficcionado de viajes al Delta, de la actriz argentina también autora de cuentos y poemas. "Escribir siempre fue algo bastante natural en mí", explicará en esta entrevista.

Entrevista y foto Valeria Tentoni.

 

 

Susana Pampín no da muchas entrevistas. "No tengo mucho que decir. Hago", explica. Con el ejemplar de Arroyo que acaba de publicar Marciana Editora sobre la mesa, se define como "una actriz que escribe", pero hay que decir que también es docente de Actuación en la Universidad Nacional de las Artes y, sobre todo, que este no es su primer libro.

En los 2000, Pampín publicó el libro de cuentos La nieve y el de poemas Viento de playa en una terraza, ambos por el sello de Belleza y felicidad. Desde entonces, al parecer, nada publicado salvo unos cuentos en la antología chilena Volveré y seré la misma.

Como actriz, Pampín puede verse en películas como Margen de error, La luz incidente o Silvia Prieto, donde comparte pantalla con Rosario Bléfari, su amiga y una de las presencias de este libro nuevo. De hecho, Arroyo le está dedicado.

 

  

Este es tu tercer libro, ¿no?

En realidad habría más, aunque de literatura sí. Con Belleza y felicidad saqué el libro de cuentos La nieve hace veinte años. Previo a eso había salido un pequeño librito de poesías, pero con Rosario Bléfari editamos dos obras de teatro y después hubo un ensayo mío en los libros del Rojas sobre las clases de teatro. Así que, como libro libro, es el segundo.

Das clases en la Universidad Nacional de las Artes hace unos años, ¿no pensaste en armar ningún libro de teoría sobre teatro?

Bueno, en algún momento voy a sacar algún libro de teoría... Hay un montón de cosas que he aprendido con Augusto Ferándes, con Vivi Tellas y con la vida y la experiencia que puede servir como herramienta, no tanto como teoría. Yo no soy teórica, soy práctica. Aprendí desde mi lugar de actriz. Doy clases de teatro desde los 29 y tengo 56, son muchos años.

¿Y a escribir cuándo empezaste?

Escribir siempre fue algo bastante natural en mí. Al terminar la secundaria mi disyuntiva estaba entre seguir letras o teatro. Por suerte tomé unas clases de teatro, porque ahí me decidí. Yo soy una persona bastante tímida, fóbica, y la posibilidad de hacer teatro me vinculó con las personas y con el mundo de una manera que no hubiese ocurrido con la literatura, que me hubiera transformado en una ermitaña encerrada en su cueva. Pero siempre estuvo la cuestión de escribir. Por los años 2000 con Rosario nos leíamos mutuamente los cuentos que íbamos haciendo y apareció la posibilidad de publicar en Belleza y felicidad.

¿Ustedes se conocieron filmando Silvia Prieto?

No, nos conocimos en las clases de teatro de Vivi Tellas. Compartimos unas clases, y yo me volví fan de Suárez. Después hicimos esa película, una obra de teatro, después otras cosas... Fue uno de esos vínculos fundantes de la vida, de quien va a ser una a lo largo del tiempo.

Este libro está dedicado a Rosario, de hecho.

Sí, y el de los cuentos también. Es que ella siempre estuvo muy cerca de todo lo que yo iba escribiendo, lo leía, me alentaba. Cuando yo me fui para el mundo del teatro, tomé clases con Hebe Uhart y después sucedió esto que decía Hebe, "los actores después se van a actuar y dejan de escribir", lo cual fue cierto. Empecé a filmar Los guantes mágicos, otra película de Martín Rejtman, y ya no podía ir al taller. Pero estar con Rosario volvía a iluminar aquella versión de mí que escribe. Suelo decir, un poco en chiste un poco en serio, que soy una actriz que escribe. No me autopercibo escritora, lo cual me libera también un poco de la responsabilidad de los reclamos de los escritores de verdad. Aunque es cierto que hay cosas que aprendí como actriz que fueron iluminando mi percepción, mi manera de ver y de escribir.

¿Cómo surgió este libro?

Iba a ser un diario. Las fechas que hay al final de cada capítulo son bastante precisas. En 2002, 2003, había dejado el estudio de Fernandes, me había separado de una relación, y estaba esa cosa del viaje iniciático, irme al Tigre con libros de filosofía a leer sola. Después seguí yendo al Tigre porque de verdad me pasaba algo con el lugar, con la posibilidad de ese escondite. Obviamente en el Tigre escribía, porque lo había hecho siempre. Cada tanto me llamaban para leer los cuentos que había escrito y en un momento empecé a leer lo que ahora es el capítulo uno. En 2015 volví a leer algo de ese primer capítulo en una presentación de la Revista Campotraviesa. Ahí estaba Denis Fernández, de Marciana. Me dijo que le encantaba el texto y me preguntó si podía escribir algunas páginas más. Yo le conté que tenía doscientas páginas escritas, en papel, en cuadernos, que me acompañan siempre. Lo prometí para el año siguiente pero me aparecían obras, giras y lo tenía que posponer. Así hasta que llegó la pandemia. Yo ya había armado todo el corpus, pero no más. Así que empecé a trabajar, y la ficción empezó a meterse por todos lados. Empezó a ser un procedimiento.

¿En qué género lo pensaste, autoficción? 

Hay personas reales con otros nombres, hay personajes y también en un momento me liberó poner que la narradora era Gabriela, a partir de eso pude escribir más, fue un trampolín. Fue mi mecanismo para escribir. El otro día leí un ensayito de Lorrie Moore en el que decía: cuando me preguntan cuánto de real hay en mis textos, yo digo que el escritor tiene en una alacena las experiencias de su vida, pero lo que cocina con eso no son las experiencias de su vida, ya es otra cosa. Pero sí la mayor parte de las cosas son reales. También es el modo en que me gusta pensar la actuación. Sí, hay algo que es real, pero con lo real yo me puedo terminar yendo a Marte. Lo real es un trampolín para la ficción.

Están las historias de los vecinos que aparecen, ¿cómo pensaste entonces este hilo, cómo fue la edición?

Fue una decisión, en un momento hay una decisión dudada: cuando Denis me pregunta si tengo algo, yo me doy cuenta de que no quiero que sea sólo un diario. Y entonces ahí fue la primera vez que me fui al Tigre en invierno, a trabajar. Fueron tres días. Me llevé todo impreso, pero como el fuego no prendía terminé entregando todo al fuego. Y ahí apareció esta pregunta que se hace la narradora: ¿para qué vengo acá? Le comenté a Rosario que me parecía que lo que la narradora estuviese por descubrir es que iba a escribir un libro, y le pareció bien. Justo me habían llamado para un unitario de Canal 7 basado en el cuento "Nota al pie" de Rodolfo Walsh, un cuento que yo había leído hacía muchos años y me volvió la cuestión de la estructura. La nota al pie se va comiendo el texto. Y me propuse eso: que la ficción empiece a aparecer de a poquito, y después termine siendo ficción. Cuando le pasé el primer borrador de todo eran 280 páginas de Word, y Denis me explicó que en la caja de Marciana iban a ser casi 400 páginas. Yo creía que no lo justificaba, así que empecé a sacar. Lo fuimos corrigiendo juntos, negociando, y así se fue terminando de limpiar. El libro me salvó mucho la cabeza en la pandemia, además la partida de Rosario... Yo sentía que tenía que terminar el libro también por todo lo que significaba con ella. Cuando ya estaba todo cada vez más limpio en el libro, nos empezamos a juntar con Denis en mi jardín. Yo le leía los capítulos en voz alta e íbamos corrigiendo.  

O sea que fue mucho tiempo de estar trabajando con el libro.

Sí, a veces alguien me dice que lo va leyendo de a poco y yo les respondo que tardé 16 años en escribirlo, así que pueden tardarse el tiempo que quieran en leerlo que no hay ningún apuro. De hecho, Denis quería que este libro fuera el número uno de la colección de Marciana y terminó siendo el trece.

¿El teatro te competía la energía para escribir?

No compite, pero el tiempo lo toma. El tiempo es poco y cada vez es menos. Escribir me lleva mucho tiempo a mí, la escritura no tanto como la corrección. Kartún siempre dice que hay que anotarse en los concursos porque es lo único que te hace dejar de corregir. La cuestión de la escritura depende de mí sola, y por eso a veces lo dejo para otro momento. En teatro, es un compromiso con los demás, un grupo con el que se ensaya o te vas de gira. 

¿En tu casa te alentaban a escribir, a leer? 

Soy de una familia de padres gallegos, inmigrantes, más bien estructurados. Cuando era chica mi hermana mayor me enseñó a leer antes de entrar a la escuela, y mi mamá me decía que yo leía hasta las estampillas. Yo ayudaba a mi mamá con la costura, ella cosía para una fábrica vestitidos de nena a los que yo les hacía las terminaciones. Me pagaba unos centavos y cuando juntaba plata me iba a la libería a comprarme de la colección Billiken o la Robin Hood. Mujercitas, Stevenson, Julio Verne, todo eso. Mi papá era albañil y cuando tuvo dos ACV y no pudo trabajar más como albañil abrimos un quiosco, en San Antonio de Padua. El quiosquito de Pampín. Mis padres eran campesinos, mi genética estuvo muchos cientos de año labrando la tierra.

Bueno, este es un libro de observación de la naturaleza, ¿no? 

Sí, tal vez algo de lo que me sucede con las plantas venga de ahí. No me siento sola en la naturaleza. 

¿Y cómo siguió tu camino lector?

Hacia los 14 ó 15 empecé a leer ciencia, porque mi hermana estudiaba biología. Pero mi otra hermana me regaló Siddharta. Pero por otro lado, quien fue mi primera pareja, Pablo Schanton, me hizo conocer a Spinetta. Y ahí se me abrió la dimensión poética. Él me dio la letra de el "Jaguar herido" y fue más grande que todo lo que había estudiado de poesía en la escuela. Después Pablo siguió Letras, y yo leía todo lo que él leía en la facultad. Ahí llegué a Hebe, a Nabokov, a Virginia Woolf, Lispector, qué se yo.

¿Arroyo también es un diario de lectura?

Es un recorte incompleto, es lo que es, lo que fue en ese verano. Lo que me prestaban, lo que me llegaba, lo que tenía.  

Dijiste que Tigre es un escondite, ¿pensás a la escritura como escondite? Pregunto porque en el teatro estás "afuera", digamos, muy expuesta.

Afuera pero a la vez no, en el escenario a mí no me da vergüenza nada. Es un no ser yo en todas las potencialidades. El teatro te da la posibilidad de jugar a que una es todas esas potencialidades que en la vida no sos. Y algo del teatro me dio esa posibilidad de experimentar. Pero también es eso lo que me ofrece la escritura, pegar el salto de lo real para ir a la ficción. 

No estudiaste Letras pero hiciste muchos talleres, ¿no?

No tengo formación más allá de los talleres con Hebe, con Romina Paula, o dramaturgia con Mauricio Kartún. Los talleres de teatro que hice también colaboran, todo te da herramientas para vincularte con el mundo hacia dentro y hacia fuera. A veces empezaba a leer los textos teóricos de Letras que tenía Pablo y no me enganchaba, pero sí con la ficción. Y he leído un montón, de ahí también aprendí.

Cine, teatro, literatura, y también docencia. ¿Cómo pensás a la creatividad? ¿Qué dirías define a una mente creativa?

Lo creativo en todo caso podría tener que ver con que lo presente se vincule con lo ausente, te lleve a imaginar otra cosa. Esa es la clave del teatro: hacer presente lo que no está presente, y me parece que lo creativo tiene que ver con eso, con buscar qué más hay. Coincido con Mario Ortiz en eso de que la capacidad de poesía la tenemos todos, pero vivimos en un sistema capitalista, de producción, y todo eso aliena a las personas. En el niño está lo creativo y después aparece otro pensamiento. Con los alumnos siempre insisto en que no hay carrera, hay camino, y que es importante estar presentes. Creo que eso también tiene que ver con lo creativo.

¿Qué es lo que perseguís cuando actuás, cuando escribís, con respecto a los demás?

En principio, el impulso es egoísta. Necesidad de expresar. Como actriz quiero poder emocionar, divertir, hacer que te imagines algo. Si lo logré, genial. Puede que un día lo logres y otro día no. La escritura también surgió como necesidad expresiva. Sobre todo con el otro libro me decían que era como si se fueran de viaje,  y eso, si lo que puedo hacer es llevarte de viaje a otro mundo, genial. Jeremy Irons decía que actuar es irse de vacaciones a otro lugar para volver a tu casa y tener una mirada nueva sobre tu casa. Eso me gusta. Si consigo llevar a alguien a otro lugar y que cuando vuelva a su casa tenga una mirada nueva, genial. Puede pasar o no pasar.

 

 

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