El producto fue agregado correctamente
Blog > Literatura infantil y juvenil > Guerras, ficción y no tanto
Literatura infantil y juvenil

Guerras, ficción y no tanto

La violencia contada a los más chicos

"Nunca existió una buena guerra ni una mala paz", decía Benjamin Franklin. En tiempos violentos, el tema se cuela en la literatura infantil. Sandra Comino presenta cuatro libros emblemáticos para los pequeños lectores argentinos, muy distintos entre sí, pero con una temática y una atmósfera común. 

Por Sandra Comino.

Se puede hacer un recorrido entre los relatos de guerra inolvidables de la LIJ que va desde Cuando Hitler robó el conejo rosa, de Yudith Kerr, en 1972, hasta El sótano de Neske, de Lidia Barugel, de 2016, pasando por Mil Grullas de Elsa Borneman (1991) y El cartero de Bagdad de Marcos Calveiro (2010), solo por mencionar algunos títulos. En el medio, Malvinas, que es un capítulo aparte en la edición con escaso material que asoma poco a poco.

Uno de los primeros cuentos sobre Malvinas fue No dejes que una bomba dañe el clavel de la bandeja, de Esteban Valentino, en 2001. También escribieron Liliana Bodoc, Mempo Giardinelli, Pablo De Santis, Inés Garland. Como siempre, hay que elegir, y para elegir recortar a continuación cuatro emblemáticos muy distintos entre sí, pero con una temática y una atmósfera común.

 

El general Extranjero de Hojalata y la Vieja Dama de Hierro

La versión que conocemos es la de Rosa Montero (publicada en 1985) de un cuento escrito por el inglés Raymond Briggs. La historia tiene un fuerte tono político, absolutamente antibélico, con recursos de la novela gráfica cuando describe la situación del lugar y las características de los personajes. Es muy interesante observar el punto de vista del narrador que utiliza el extrañamiento y trata de ser imparcial, pero lo traicionan algunos adjetivos.

El cuento impacta no solo desde la imagen sino también por su tono: “Había una vez una isla pequeña y triste allá al final del mundo. En la pequeña isla triste sólo vivía un puñado de pobres pastores… Muy cerca de la pequeña isla triste había un reino grande y poderoso, gobernado por un malvado general extranjero”. Y, si bien las descripciones son acordes al “malvado general extranjero”, merecidas las bajadas de línea, tampoco se queda atrás con las que corresponden a la vieja dama que se pone “frenética” y va a “reconquistar” la isla. Hay una parte del relato donde se cambia de registro visual para contar la guerra desde el realismo y los dibujos en blanco y negro crean un fuerte impacto en el lector.

Raymond Briggs también es autor de Cuando el viento sopla entre muchos libros.

 

 

Como una guerra

Andrés Sobico & Paula Adamo

Vale aclarar que siempre el álbum aunque se asocie con lectores muy chicos es un género que no excluye a nadie ya que, en general, estos libros tienen la capacidad de sumar lectores por sus diferentes capas de lecturas que terminan (por decirlo de alguna manera) por atrapar al adulto que, en definitiva, es quien acerca la historia a quien aún no es lector. El libro comienza con una dedicatoria: “A todos esos chicos que estuvieron y a los que, de alguna manera, aún están allá”.

El dato que nos ubica en Malvinas es la edad que tenían los autores en el 82. El año aporta un contexto histórico. Un registro sutil con economía de relato y collage en papel transparente muestran soldados de juguete, hay marcas en la composición visual que van desde el dibujo aniñado hasta fotos en dos planos: el presente de dos chicos y el pasado (lo que el tío le cuenta a uno de ellos). Conviven múltiples lecturas que se suman con las relecturas.

La trinchera puede ser una maceta y la maceta la corona. La analogía y la metáfora construyen un decir desde la imagen lleno de detalles simbólicos y desde la escritura una simpleza que tiene que ver con la escucha de algo muy lejano. A medida que avanza la historia crece el estremecimiento. Una pelota acompaña todo el relato como si se tratara de un juego. Sin embargo, la intensidad de las imágenes y las palabras nos vuelven a la guerra pese a la casi incredulidad de los chicos.

 

Rompecabezas

María Fernanda Maquieira

Mora vive con la abuela Oma. Va a la escuela y tiene prohibido pasar por una calle sin salida (Salsipuedes) donde hay una fábrica abandonada que Oma dice que, además de un loco que muestra sus partes íntimas, hay “un paredón lleno de agujeros de cuando los fusilamientos, de la noche en que bajaron gente de un camión y los liquidaron a todos…” Mora pregunta y nunca le responden del todo. Algunas veces existe un tiempo cotidiano, tranquilo, y otras se cuelan intrigas como la de los jueves que Oma va a la plaza. Por un lado, Mora tiene un grupo de amigas que se llaman “Las chicas de Siberia” les ocurre lo que a todas las chicas de cualquier parte. Ella tiene una particular manera de ver el mundo, definir las cosas que suceden casi con explicaciones folclóricas o con animismo. Por otro, no sabe nada de sus padres y de un día para otro la guerra. Deben cantar la “Marcha de las Malvinas”, tienen prohibido usar palabras en inglés, la señora Chapeaux corta los flequillos a los chicos, les descose los dobladillos de las faldas a las chicas porque “no tolera que las cosas tengan la medida inadecuada”.

El hermano de Pablo va a Malvinas. Las chicas escriben cartas y Pablo lee los cuentos que le manda su hermano (que quiere ser escritor pero está en la guerra) donde el relato, supuestamente de ficción, aporta datos de lo que está sucediendo.

La novela tiene un intertexto literario, Mora se identifica con algunos personajes, escribe, hace listas, cuestionarios. Hay un trasfondo de “no saber” muy bien reconstruido por Maquieira que nos trae una atmósfera de aquella época de manera notable.

 

Nunca estuve en la guerra

Franco Vaccarini

Francisco Estévez elige probar suerte en Buenos Aires cansado de estar en el campo después de terminar el secundario. Espera el sorteo para hacer el servicio militar obligatorio mientras sueña con dos cosas: hacerle una entrevista a Borges y practicar paracaidismo. Primero concreta una de sus metas, luego le toca la Marina y su padre hace una promesa a la Virgen de Luján que cumplirá si su hijo no va a la guerra. Francisco tiene una visión romántica de la guerra y cree que es hermosa, mirada que se le diluye con la instrucción y se le esfuma cuando le enseñan a vacunar y lo destinan a la Base Naval de Puerto Belgrano como enfermero. Cuando conoce a excombatientes, que llegan desde las islas, Francisco conoce la guerra a través del relato de los que la vivieron y sus consecuencias. Un chico mutilado y otro con secuelas psicológicas irreversibles, dan fe de lo acontecido. Las cartas de sus padres y Lupe le hacen tolerable la estancia en el lugar. La novela se transforma en una crónica de lo que fue la guerra, qué pasó con el Crucero General Belgrano, qué significaba hacer la conscripción en la época de la dictadura con minucioso detalle del maltrato y el abuso de poder.

Por momentos el relato es crudo e impiadoso aunque de manera espontánea el humor y la ternura irrumpen en la descripción logrando un clima que desentierra la guerra y se reaviva un período muy doloroso de nuestra historia.

 

Artículos relacionados

Martes 22 de marzo de 2016
Pies para qué los quiero...
Paula Bombara, Sandra Contreras y Mario Méndez participaron de un panel moderado por Larisa Chausovsky en el que abordaron las preguntas sobre por qué leer, para qué leer, cómo leer.
Segundo encuentro en la librería
Domingo 01 de mayo de 2016
Vacíos que llenan
Una lectura de Un hueco, escrito e ilustrado por Yael Frankel (Ed. Calibroscopio).
Cómo hablar de despedidas
Miércoles 27 de julio de 2016
Toda la LIJ en un solo click

Revistas, editoriales, páginas web, reseñas de novedades, bancos de imágenes, juegos y actividades para aulas de escuelas y jardines: una lista de más de 80 links, en crecimiento.

Otra lista linkeada

Lunes 29 de febrero de 2016
Lápices, fotos y un señor de bigotes

Una lectura de El viaje de Oliverio escrito e ilustrado por Alejandra Karageorgiu (Tequisté).

Un viaje intemporal
Lunes 04 de enero de 2016
Achímpalo si puedes

Una antigua palabra ya olvidada llena de disparates y asociaciones libres la vida de los personajes de Achimpa, un libro infantil escrito e ilustrado por la portuguesa Catarina Sobral (Ed. Limonero).

Miércoles 08 de junio de 2016
Los bordes de la imaginación

Seis ilustradores de libros infantiles nos cuentan cómo trabajan y recuerdan la época en que ellos mismos se convirtieron en lectores. Un panorama abierto y una breve galería para conocer a algunos de los artistas más destacados del campo. “Se puede ilustrar un libro con una piedra y dos palitos”, dicen.

Ilustradores LIJ

×
Aceptar
×
Seguir comprando
Finalizar compra
0 item(s) agregado tu carrito
MUTMA
Continuar
CHECKOUT
×
Se va a agregar 1 ítem a tu carrito
¿Es para un colectivo?
No
Aceptar